Trozos de pigmento blanco en la mano de la artista

Elena Zaiats

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Declaración de la artista

Trabajo con el arquetipo femenino en el punto de su máxima tensión: en el lugar del conflicto entre la subjetividad contemporánea y la objetivación histórica. La libertad conquistada produce una ilusión de elección, y esa ilusión genera un estado constante de desajuste con las expectativas ideales.

Las capas antiguas —construcciones religiosas, guiones culturales, roles históricos— no pertenecen al pasado. Siguen operando, incrustándose en el presente como su capa más densa y más conflictiva.

El arquetipo se acumula y se forma como una estratigrafía: una estructura en la que cada capa más antigua se conserva y sigue influyendo en la nueva.

Mi práctica se desarrolla en la intersección de esta tensión interna y la experiencia de la emigración forzada. El desplazamiento entre distintas culturas a lo largo de varios años expone la repetición de la presión ejercida sobre las mujeres: las diferencias de contexto no la eliminan, sino que transforman las formas de control y de expectativa.

La tiza, el material con el que trabajo, une estas capas. Es un residuo de lo vivo, una huella del patrimonio cultural, una sustancia en proceso de desintegración que refleja la contemporaneidad y, al mismo tiempo, un material táctil y corpóreo.

En mi obra afirmo la figura de una mujer capaz de existir dentro del conflicto, sosteniendo una multiplicidad de contradicciones sin desintegrarse y formando, en cambio, una nueva realidad.

Mi tarea es definir el punto de máxima tensión en la formación del arquetipo femenino de comienzos del siglo XXI como un estado de transición, sin análogos históricos, que determina el vector del futuro de la civilización.